En la actualidad, el consumo de complementos alimentarios es cada vez más común, tanto
en personas activas como en quienes buscan mejoras su salud general. Sin embargo, junto
con su popularidad han surgido dudas sobre sus posibles efectos en la microbiota intestinal y en la regulación hormonal. Comprender esta relación es clave para un consumo informado y responsable.
La microbiota intestinal está compuesta por billones de microorganismos que habitan el intestino y cumplen funciones esenciales como la digestión de ciertos nutrientes, la producción de compuestos bioactivos y la regulación del sistema inmunológico (defensas del cuerpo). Además, la microbiota participa en la comunicación entre el intestino y otros órganos, influyendo de forma indirecta en procesos hormonales relacionados con el apetito, el metabolismo y la respuesta al estrés. Es importante aclarar que la microbiota no produce hormonas directamente, pero sí interviene en señales químicas que afectan su liberación y acción. Un ejemplo claro es la producción de ácidos grasos de cadena corta, como el butirato (sustancias que se generan cuando las bacterias intestinales fermentan la fibra). Estos compuestos participan en la regulación de hormonas como la grelina y el GLP 1, involucradas en el hambre y la saciedad (sensación de estar lleno).

En este contexto, el efecto de los complementos alimentarios sobre la microbiota depende del tipo de complemento, la dosis y el estado general de la alimentación. Algunos complementos, como los probióticos y prebióticos, pueden tener un impacto positivo al favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas. Esto contribuye a un entorno intestinal más equilibrado, lo que puede apoyar procesos hormonales relacionados con la digestión y el metabolismo energético. Otros complementos comunes en el ámbito deportivo, como las proteínas en polvo y ciertos aminoácidos, pueden influir en la liberación de hormonas digestivas asociadas a la saciedad y al control de la glucosa en sangre (azúcar en sangre). Cuando se consume en cantidades adecuadas y como parte de una dieta equilibrada, no se ha observado que generen alteraciones negativas en la microbiota. Por el contrario, pueden apoyar la recuperación muscular y el control del apetito en personas básicamente activas.
Por su parte, complementos como la creatina Monohidrato no muestran un efecto significativo sobre la composición de la microbiota intestinal. Su acción principal se da a nivel muscular y energético, mejorando el rendimiento físico y la masa muscular. De forma indirecta, estas adaptaciones pueden favorecer la sensibilidad a la insulina (capacidad del cuerpo para utilizar la glucosa), lo que demuestra que no todos los complementos interactúan con la microbiota, ni lo hacen por las mismas vías. Un punto fundamental es que los posibles efectos negativos no suelen provenir del complemento en sí, sino de un consumo excesivo, mal dosificado o sin una base adecuada de alimentación. Dietas pobres en fibra, el abuso de productos ultra procesados o la sustitución de comidas completas por complementos pueden afectar negativamente la microbiota intestinal y, con ello, alterar señales hormonales normales.
Entonces, ¿es malo o bueno consumir complementos deportivos?
La evidencia científica actual indica que los complementos alimentarios no son perjudiciales para la microbiota intestinal cuando se consumen de forma adecuada. En la mayoría de los casos, su impacto es neutro o incluso positivo, especialmente cuando complementan una alimentación equilibrada, rica en fibra y adaptada a las necesidades individuales. En conclusión, los complementos alimentarios no dañan la microbiota ni las hormonas por sí solos. Su efecto depende del contexto: tipo de complemento, dosis, calidad de la dieta y estilo de vida. Utilizados de manera responsable, pueden ser una herramienta de apoyo sin generar alteraciones negativas en la microbiota intestinal, reforzando la idea de que no sustituyen hábitos saludables, sino que los acompañan.